Bonito y Mugroso llegaron en una caja café con agujeros, amarrada con ixtle y con machas de orina de conejo en la parte de abajo. Acompañaban a los tomates y papas que Juan el ranchero había comprado en el mercado ambulante que iba cada dos meses al pueblo. Juan solo quería comprar a Bonito, pero eran ambos o ninguno y por cincuenta pesos, valía la pena cargar un poco de peso extra.
Bonito, que antes de llegar a la granja no tenia nombre, y respondía a “conejito numero 1”, era, tal y como su nombre lo indicaba, un conejito muy simpático y bonito. Blanco como la chingada, parecía una bolita de algodón de la que escapaban dos perfectas orejitas igual de blancas, su rostro era, si es posible decirlo, muy expresivo, casi pareciendo sonreír, tenia ojos negros y una trompita de esas que parecen a punto de dar un beso. La nariz respingada y unos bigotes perfectamente simétricos daban el toque final a la cara de Bonito. La cola era, otra bola de algodón blanca como la chingada, solo que un poco mas pequeña. Si Bonito hubiera vivido en una gran ciudad, lo mas probable era que terminase de modelo conejil de comerciales de pañales de Bebe y rollos pachoncitos de papel higiénico.
Mugroso, que antes de llegar a la granja tampoco tenia nombre, y respondía a “POR DIOS, QUE LE PASA A ESE CONEJO!?”, no era un conejito muy simpático y bonito. Tenia un color que se podía ubicar entre “negro sucio” y “café basura”, y parecía mas que nada, una cruel broma de dios. La falta de pelaje en ciertas áreas de su cuerpo, lo hacían ver flaco y enfermo, tenia una oreja caída que a causa de la fricción con el suelo, comenzaba a tener costras, y la otra oreja era tiesa y porosa, y parecía mas que bien una especie de tumor. Tenia un diente chueco, o mas bien recto, recto respecto al otro diente, pues formaban un perfecto ángulo de noventa grados. La falta de bigotes y la nariz hundida no eran tan notorios, quizá por que el ojo salido era lo que mas llamaba la atención. La cola de Mugroso no tenia ni un solo pelo y parecía una lombriz muerta. Si Mugroso hubiera vivido en una gran ciudad, lo mas probable era que terminase de modelo conejil de comerciales de exterminio de ratas.
Fueron nombrados asi por la hija de Juan el ranchero, y eran nombres precisos en cuanto a su relación con la realidad, que surgieron de manera espontanea cuando la niña vio a los animalitos.
“que bonito!” fue lo que dijo cuado vio al tierno conejito y asi se llamo desde aquel momento.
“mugroso!” fue en cambio, el final de una serie de adjetivos que la niña enumero cuando vio al otro conejito, y que si se hubiese llamado como el primero de esos adjetivos, para referirse a el se tendría que hacer unos de esos sonidos guturales que preceden al vomito.
Juan el ranchero habilito un viejo cuchitril para que los dos conejos vivieran. Comenzó a sacar toda la inmundicia de cerdo y se detuvo cuando llevaba la mitad. Quito tablas de las paredes con las que construyo una pequeña camita donde coloco un mullido cojín que su esposa hizo. La cama era tan alta que no dejaba que el sol llegara a la otra mitad del conejal. Limpio el suelo de piedras y hierba mala que empujo hacia el otro lado por que no quería cansarse mucho. Al final, la hija de Juan pinto con letras rosas el nombre de bonito encima del suave cojín. La familia de Juan se sorprendió cuando dejaron entrar a ambos conejos y Bonito se movió grácilmente hacia su cama mientras que mugroso se arrastro hacia una sucia, fría y maloliente esquina del conejal. Eso era por que los conejos observaron todo el proceso de construcción.
“sabes que están haciendo Mugroso?”
“creo que nuestra casa Bonito”
“No Mugroso. Están haciendo mi casa, mi cama y mi conejal. Eso donde esta toda la basura es donde tu vivirás. Porque asi es como deben ser las cosas, yo me iré hacia el altar que ellos me edifican y tu te iras a una esquina, manteniéndote atento por si necesito algo”
“pero…”
“pero nada Mugroso! Asi es como son las cosas y deberías sentirte agradecido que te deje vivir en el mismo lugar que yo”
Mugroso, que mas que débil era noble, no dijo nada. Cuando entraron al conejal, vio como Bonito brincaba hacia su cama bajo la mirada aprobatoria de la familia de Juan el ranchero, suspiro y luego camino torpemente hacia el otro lado, donde se hizo bolita para asi tratar de mitigar el frio que tenia por estar sobre un suelo mojado por excrementos de marrano y por no tener sol, que era obstruido por el cojín de Bonito, que el mismo había colocado asi, ya para estar mas cómodo, ya para no compartir el calor.
Asi era la vida de los dos conejos, cada mañana muy temprano, Juan el ranchero abría la puerta del conejal y alimentaba a los animalitos. A Bonito le mandaban traer bombones franceses de la ciudad, le daban leche fresca y apartaban las mejores verduras de cada cosecha diaria para el. Solo bebía agua embotellada y nunca compartía nada con Mugroso. Mugroso era el ultimo de una larga cadena de alimentación, donde primero estaba Bonito, luego la hija de Juan, luego Juan, luego su esposa, el gato, los perros, los caballos, las gallinas, las vacas, los borregos, los marranos, las ratas y al final el. Su dieta incluía lo que no se añadía al friego por temor de que los chanchos enfermasen, restos de placenta de perra parida y escroto de marrano viejo, todo servido en un muy sucio recipiente donde también, de vez en cuando, le echaban agua estancada de los bebederos de los otros animales.
“estoy harto de estos bombones! Siempre es lo mismo, estos humanos deberían preocuparse un poco mas por mi y tratar de conseguir comida diferente de vez en cuando…”
“creo que tenemos mucha suerte Bonito, los humanos son muy buenos con nosotros al darnos un techo y comida”
“no mugroso, tu tienes suerte, suerte de que yo te deje vivir aquí, suerte de que los humanos aun no te hayan tirado a la basura, creo que incluso tienes suerte de estar vivo, para mi en cambio, esto es solo una pequeña parte de que lo merezco, ellos tienen suerte de tenerme aquí, tu tienes suerte de tenerme aquí, en cuanto asi lo desee, me voy a una mejor vida…” decía Bonito panza pa`rriba y con la pata cruzada, lo decía de manera muy solemne sin siquiera mirar a Mugroso, mientras mordisqueaba perezosamente un bombón. Mugroso no dijo nada, había movido su vieja cazuela para estar mas cerca del sol, además de que asi, de vez en vez, a Bonito se le caían pedazos de bombón o verduras que Mugroso comía con avidez. Estiraba su pequeño cuello para alcanzar el fondo de la hoya, quizá hubiere agua, quizá restos de placenta de perra parida, hacia días que no comía y con cada esfuerzo, un rictus de dolor invadía su rostro.
Y es que si hubiese habido un conejo doctor, o mejor dicho, un grupo de conejos doctores investigadores de alguna universidad de conejos que hubiesen estudiado a Mugroso y Bonito, estos hubieran descubierto las condiciones por las que Bonito y Mugroso eran de la manera que eran.
Bonito, que era soberbio y hedonista, tenia un exceso de serotonina en el cerebro, neurotransmisor que funciona como puentes entre las neuronas cuando estas procesan el placer. Asi, un nivel bajo de serotonina provoca depresión o desgano, mientras que el exceso de esta, euforia y desprendimiento de la realidad. Bonito vivía cerca de lo que podía considerarse un orgasmo interminable que no tenia nada de sexual, solo con rascarse la panza se le iban los ojos de gozo, y es que con 600% mas de serotonina de que lo que un conejo normal debería tener, solo eso era necesario para que Bonito alcanzara el séptimo cielo. Mugroso en cambio, era mas complejo que eso. Si ese grupo de conejos doctores investigadores hubiera existido, al descubrir la enfermedad de Mugroso, seguramente la hubieran llamado “síndrome de Mugroso”. Su enfermedad era tan extraña, que el seria el único caso registrado en la historia de la medicina de conejos. Una deficiencia genética que parecía mas una broma de Dios que otra cosa, la fauna intestinal de Mugroso había sufrido un increíble proceso evolutivo en solo dos o tres días. Habían crecido hasta convertirse en organismos un poco mas pequeños que las larvas de pulga, que debido a su tamaño, dejaron de tener espacio en el intestino de Mugroso, por lo se desplazaron a todo el cuerpo del pobre conejito. Ya instalados ahí, formaron colonias en los huesos, alimentándose de los nutrientes y hormonas que circulaban por el cuerpo. Al principio esto no era tan malo, pero cuando descubrieron que al morder y lastimar el cuerpo de Mugroso, este liberaba mas hormonas tratando de mitigar el horrible dolor que los parásitos le causaban, el físico de Mugroso comenzó a sufrir deterioros. Mugroso era un conejo feo por que todo su organismo trataba de mitigar el dolor causado por la fauna intestinal súperdesarrollada. Asi que además de tener que aguantar su fealdad, Mugroso vivía en una interminable agonía física.
En ese tenor continuo la vida de Bonito y Mugroso, porque realmente no mucho podía pasar para dos conejos que Vivian en un conejal de un ranchito perdido en medio de la nada. Bonito dormía gran parte del día, casi quince horas diarias, incluso mas de veinte, solo despertaba para mordisquear su comida y se había vuelto tan perezoso que para hacer sus necesidades no se bajaba de la cama, solo asomaba el rabito por el borde de la misma y dejaba caer todo el asunto. Rascarse la panza se había convertido en su actividad favorita, y lo perfeccionándolo al grado tal, de solo tener que hacerlo por unos minutos antes de que se desmayara de placer. También se había vuelto muy bueno para arrojarle a Mugroso las sobras de comida a la cabeza. Las dejaba secar dos semanas para que estuvieran duras (y de paso, no se pudieran comer) y luego se las arrojaba al desdichado de Mugroso. Esto surgió, porque en ocasiones, Mugroso despertaba en la noche gritando por el dolor causado por su enfermedad, cosa que interrumpía el sueño de Bonito, por lo que a punta de verdurasoz duros, Mugroso aprendió a que no debía de gritar ni llorar, por que eso molestaba a Bonito. Mugroso por otro lado, tenia un ritmo de vida muy distinto al de Bonito. Dormía muy poco. El dolor era demasiado como para hacerlo profundamente, su sueño diario apenas si llegaba a las tres o cuatro horas. Seguía comiendo muy mal, por lo que se veía mas flaco y enfermo que de costumbre., además que por los golpes que Bonito le daba, perdió la vista del ojo izquierdo. Había acondicionado una esquina del conejal como cama, aunque esto solo fuesen ramitas secas que el viento traía de vez en cuando, la humedad seguía filtrándose y la mayor parte del tiempo Mugroso estaba mojado y friolento. No conversaban mucho, rara vez Bonito le hablaba a Mugroso, llegando al punto de que Bonito pasara semanas sin siquiera voltear a verlo, aunque Mugroso siempre estaba esperanzado en que Bonito le dirigiera la palabra. El único placer de Mugroso, lo único que mitigaba un poco el dolor, el horrible dolor, era contemplar por un pequeño agujero el campo. Duraba horas y horas observando el cielo azul sobre los verdes campos, los pájaros tan bonitos y libres volando de aquí para allá, los perros que jugueteaban y los caballos que corrían noblemente. El único consuelo de Mugroso, era saberse parte de ese todo que el ranchito era para el. Aunque cuando Bonito llegaba a sorprenderlo viendo por el agujero, un certero zanahoriazo en la nuca lo despertaba de su letargo, a lo cual seguía por lo regular, una o dos lagrimas de Mugroso, y luego una estridente carcajada de Bonito, que usualmente se desmayaba de placer cuando reía tanto.
Un día Juan el ranchero no se presento por la mañana, cosa que intrigo mucho a Mugroso y cosa que a Bonito francamente no le importaba. Al siguiente dia tampoco apareció, y Mugroso comenzaba a preocuparse y mientras Bonito seguía rascándose la panza. Otro dia paso y otro, al quinto dia Mugroso comenzó a notar que no se escuchaban sonidos producidos por los humanos, y al bajar el montón de bombones de Bonito, este también se preocupo. Otros dos días pasaron y a Bonito la situación no le cuadraba en absoluto, cada dia había menos bombones y las botellas de agua comenzaban a escasear. A los diez días de que Juan no apareció, Bonito decidió hablarle a Mugroso.
“esto esta mal Mugroso, muy mal. ¿Ahora quien traerá mis bombones y mi agua? Tenemos que hacer algo antes de que se me acaben”
“algo esta definitivamente mal, los humanos me preocupan, espero que no les haya pasado nada malo…”
“a quien le importan los humanos! Estamos hablando de mi! De mi, de mi, de mi! Tienes que comenzar a hacer un agujero o a romper las rejas para que salgas y me traigas mas botellas de agua y bombones!”
“si, estaba pensando que…”
“nada! Tu no debes de pensar Mugroso! Déjame eso a mi, tu solo debes preocuparte por mi, por mis bombones, por mi felicidad! Asi que comienza a morder esos alambres con tus horribles dientes, cava con tus contrahechas patas, no me importa si tienes que romper la madera con tu inmunda cabeza, pero tienes que hacerme una salida y rápido!” gritaba Bonito fuera de si, y de tanta excitación, resbalo con un bombón, trato de sujetarse con una de sus botellas, pero todo lo que logro fue caer con todo y agua. Bonito se desmayo por el golpe (era un conejo delicado y fácilmente se desmayaba), quedando empapado en suelo. Mugroso muy asustado corrió a ver si estaba bien, con las pocas fuerzas que le quedaban por no haber comido casi nada en las ultimas dos semanas, movió a Bonito a su cama, y espero a ver si reaccionaba. Lo cubrió con una las muchas mantas que la hija de Juan hizo para que no le diera frio e intento darle de beber. Bonito continuaba sin volver en si, y apenas si movía la cabeza mientras decía algo entre dientes. El sueño de Bonito se extendió toda la noche, misma que Mugroso paso al lado de el, velando que todo estuviera bien, tapándolo y revisando su temperatura. Mugroso suspiraba y suspiraba, y la mañana lo encontró a un lado de Bonito. Mugroso le daba de comer bombones que el no toco, por temor a que se acabaran, sabiendo que en ese momento, Bonito los necesitaba mas. De nuevo se hizo de noche y Mugroso continuaba cuidando a Bonito. Una angustia muy fuerte invadió a Mugroso, tan fuerte que se olvido de su propio dolor. Mugroso consideraba que Bonito era por mucho, su único amigo, y sabia que en el fondo lo quería. Por fin el sueño venció a Mugroso, que se quedo dormido al pie de la cama de Bonito.
Al siguiente dia, Juan el ranchero entro al conejal, olía a tequila y tenia la finta de haber llorado. Un hombre de traje estaba detrás de el y traía una jaula en la mano. El ruido despertó a Bonito, que realmente solo había estado durmiendo como regularmente lo hacia. Cuando vio al hombre, supo que esa era una ocasión especial. Se bajo de la cama y se limpio las patas en lo que el creía era una de sus mantas, pero que realmente se trataba de Mugroso que estaba completamente vencido y débil por los días que paso en vela cuidando a Bonito. Cuando Bonito vio que se trataba de Mugroso, de un puntapié lo mando de nuevo al suelo, no quería que lo vieran al lado de aquel horrible conejo. Mugroso despertó por el golpe, pero no tenia fuerzas para hacer nada. Apenas si logro levantar la cabeza para ver como metían a mugroso en la jaula que aquel hombre de traje traía, luego se desvaneció.
A Juan el ranchero, su esposa lo había dejado por otro, por lo que la ausencia en el conejal se debía a que Juan agarro una de esas borracheras de días. Aquel hombre que se llevo a Bonito, era el representante de una importante compañía de crianza de conejos., que escucho rumores de que en ese pueblucho, vivía un conejo casi perfecto, y compro a Bonito para tenerlo de semental en una de las muchas granjas que la compañía tenia en Europa. Bonito paso el resto de sus días comiendo bombones y caviar, rodeado de muchas conejitas que constantemente eran remplazadas por conejas mas jóvenes y bellas para el goce de Bonito. Tuvo mucha descendencia y murió de un orgasmo después de muchos años. Mugroso se quedo en la granja, también vivió muchos años, aunque los hizo en la mas inmensa agonía que un conejo pudiese soportar. Juan el ranchero dejo el ranchito para irse a la ciudad, vendió todos los animales, excepto a Mugroso, del que ni siquiera se acordaba. Mugroso se quedo solo en el conejal, los parásitos de su cuerpo habían comenzado a expandirse y a construir colonias en el maltrecho cuerpo del conejito. Mugroso paso sus últimos años de vida, como una masa informe de carne del tamaño de un cerdo. Los parásitos, aunque lo lastimasen mucho, no llegaban a matarlo, por que entonces se quedarían sin su fuente de alimentación, por lo que lo mantenían con vida para poder seguir comiéndoselo muy despacio, hasta que un dia, cuando los parásitos se contaban por millones y la piel de Mugroso no resistió mas, literalmente reventó dejando las paredes del conejal repletas de tripas de conejo y parásitos de todos colores, en medio del ultimo grito de agonía de Mugroso.
Bonito, que antes de llegar a la granja no tenia nombre, y respondía a “conejito numero 1”, era, tal y como su nombre lo indicaba, un conejito muy simpático y bonito. Blanco como la chingada, parecía una bolita de algodón de la que escapaban dos perfectas orejitas igual de blancas, su rostro era, si es posible decirlo, muy expresivo, casi pareciendo sonreír, tenia ojos negros y una trompita de esas que parecen a punto de dar un beso. La nariz respingada y unos bigotes perfectamente simétricos daban el toque final a la cara de Bonito. La cola era, otra bola de algodón blanca como la chingada, solo que un poco mas pequeña. Si Bonito hubiera vivido en una gran ciudad, lo mas probable era que terminase de modelo conejil de comerciales de pañales de Bebe y rollos pachoncitos de papel higiénico.
Mugroso, que antes de llegar a la granja tampoco tenia nombre, y respondía a “POR DIOS, QUE LE PASA A ESE CONEJO!?”, no era un conejito muy simpático y bonito. Tenia un color que se podía ubicar entre “negro sucio” y “café basura”, y parecía mas que nada, una cruel broma de dios. La falta de pelaje en ciertas áreas de su cuerpo, lo hacían ver flaco y enfermo, tenia una oreja caída que a causa de la fricción con el suelo, comenzaba a tener costras, y la otra oreja era tiesa y porosa, y parecía mas que bien una especie de tumor. Tenia un diente chueco, o mas bien recto, recto respecto al otro diente, pues formaban un perfecto ángulo de noventa grados. La falta de bigotes y la nariz hundida no eran tan notorios, quizá por que el ojo salido era lo que mas llamaba la atención. La cola de Mugroso no tenia ni un solo pelo y parecía una lombriz muerta. Si Mugroso hubiera vivido en una gran ciudad, lo mas probable era que terminase de modelo conejil de comerciales de exterminio de ratas.
Fueron nombrados asi por la hija de Juan el ranchero, y eran nombres precisos en cuanto a su relación con la realidad, que surgieron de manera espontanea cuando la niña vio a los animalitos.
“que bonito!” fue lo que dijo cuado vio al tierno conejito y asi se llamo desde aquel momento.
“mugroso!” fue en cambio, el final de una serie de adjetivos que la niña enumero cuando vio al otro conejito, y que si se hubiese llamado como el primero de esos adjetivos, para referirse a el se tendría que hacer unos de esos sonidos guturales que preceden al vomito.
Juan el ranchero habilito un viejo cuchitril para que los dos conejos vivieran. Comenzó a sacar toda la inmundicia de cerdo y se detuvo cuando llevaba la mitad. Quito tablas de las paredes con las que construyo una pequeña camita donde coloco un mullido cojín que su esposa hizo. La cama era tan alta que no dejaba que el sol llegara a la otra mitad del conejal. Limpio el suelo de piedras y hierba mala que empujo hacia el otro lado por que no quería cansarse mucho. Al final, la hija de Juan pinto con letras rosas el nombre de bonito encima del suave cojín. La familia de Juan se sorprendió cuando dejaron entrar a ambos conejos y Bonito se movió grácilmente hacia su cama mientras que mugroso se arrastro hacia una sucia, fría y maloliente esquina del conejal. Eso era por que los conejos observaron todo el proceso de construcción.
“sabes que están haciendo Mugroso?”
“creo que nuestra casa Bonito”
“No Mugroso. Están haciendo mi casa, mi cama y mi conejal. Eso donde esta toda la basura es donde tu vivirás. Porque asi es como deben ser las cosas, yo me iré hacia el altar que ellos me edifican y tu te iras a una esquina, manteniéndote atento por si necesito algo”
“pero…”
“pero nada Mugroso! Asi es como son las cosas y deberías sentirte agradecido que te deje vivir en el mismo lugar que yo”
Mugroso, que mas que débil era noble, no dijo nada. Cuando entraron al conejal, vio como Bonito brincaba hacia su cama bajo la mirada aprobatoria de la familia de Juan el ranchero, suspiro y luego camino torpemente hacia el otro lado, donde se hizo bolita para asi tratar de mitigar el frio que tenia por estar sobre un suelo mojado por excrementos de marrano y por no tener sol, que era obstruido por el cojín de Bonito, que el mismo había colocado asi, ya para estar mas cómodo, ya para no compartir el calor.
Asi era la vida de los dos conejos, cada mañana muy temprano, Juan el ranchero abría la puerta del conejal y alimentaba a los animalitos. A Bonito le mandaban traer bombones franceses de la ciudad, le daban leche fresca y apartaban las mejores verduras de cada cosecha diaria para el. Solo bebía agua embotellada y nunca compartía nada con Mugroso. Mugroso era el ultimo de una larga cadena de alimentación, donde primero estaba Bonito, luego la hija de Juan, luego Juan, luego su esposa, el gato, los perros, los caballos, las gallinas, las vacas, los borregos, los marranos, las ratas y al final el. Su dieta incluía lo que no se añadía al friego por temor de que los chanchos enfermasen, restos de placenta de perra parida y escroto de marrano viejo, todo servido en un muy sucio recipiente donde también, de vez en cuando, le echaban agua estancada de los bebederos de los otros animales.
“estoy harto de estos bombones! Siempre es lo mismo, estos humanos deberían preocuparse un poco mas por mi y tratar de conseguir comida diferente de vez en cuando…”
“creo que tenemos mucha suerte Bonito, los humanos son muy buenos con nosotros al darnos un techo y comida”
“no mugroso, tu tienes suerte, suerte de que yo te deje vivir aquí, suerte de que los humanos aun no te hayan tirado a la basura, creo que incluso tienes suerte de estar vivo, para mi en cambio, esto es solo una pequeña parte de que lo merezco, ellos tienen suerte de tenerme aquí, tu tienes suerte de tenerme aquí, en cuanto asi lo desee, me voy a una mejor vida…” decía Bonito panza pa`rriba y con la pata cruzada, lo decía de manera muy solemne sin siquiera mirar a Mugroso, mientras mordisqueaba perezosamente un bombón. Mugroso no dijo nada, había movido su vieja cazuela para estar mas cerca del sol, además de que asi, de vez en vez, a Bonito se le caían pedazos de bombón o verduras que Mugroso comía con avidez. Estiraba su pequeño cuello para alcanzar el fondo de la hoya, quizá hubiere agua, quizá restos de placenta de perra parida, hacia días que no comía y con cada esfuerzo, un rictus de dolor invadía su rostro.
Y es que si hubiese habido un conejo doctor, o mejor dicho, un grupo de conejos doctores investigadores de alguna universidad de conejos que hubiesen estudiado a Mugroso y Bonito, estos hubieran descubierto las condiciones por las que Bonito y Mugroso eran de la manera que eran.
Bonito, que era soberbio y hedonista, tenia un exceso de serotonina en el cerebro, neurotransmisor que funciona como puentes entre las neuronas cuando estas procesan el placer. Asi, un nivel bajo de serotonina provoca depresión o desgano, mientras que el exceso de esta, euforia y desprendimiento de la realidad. Bonito vivía cerca de lo que podía considerarse un orgasmo interminable que no tenia nada de sexual, solo con rascarse la panza se le iban los ojos de gozo, y es que con 600% mas de serotonina de que lo que un conejo normal debería tener, solo eso era necesario para que Bonito alcanzara el séptimo cielo. Mugroso en cambio, era mas complejo que eso. Si ese grupo de conejos doctores investigadores hubiera existido, al descubrir la enfermedad de Mugroso, seguramente la hubieran llamado “síndrome de Mugroso”. Su enfermedad era tan extraña, que el seria el único caso registrado en la historia de la medicina de conejos. Una deficiencia genética que parecía mas una broma de Dios que otra cosa, la fauna intestinal de Mugroso había sufrido un increíble proceso evolutivo en solo dos o tres días. Habían crecido hasta convertirse en organismos un poco mas pequeños que las larvas de pulga, que debido a su tamaño, dejaron de tener espacio en el intestino de Mugroso, por lo se desplazaron a todo el cuerpo del pobre conejito. Ya instalados ahí, formaron colonias en los huesos, alimentándose de los nutrientes y hormonas que circulaban por el cuerpo. Al principio esto no era tan malo, pero cuando descubrieron que al morder y lastimar el cuerpo de Mugroso, este liberaba mas hormonas tratando de mitigar el horrible dolor que los parásitos le causaban, el físico de Mugroso comenzó a sufrir deterioros. Mugroso era un conejo feo por que todo su organismo trataba de mitigar el dolor causado por la fauna intestinal súperdesarrollada. Asi que además de tener que aguantar su fealdad, Mugroso vivía en una interminable agonía física.
En ese tenor continuo la vida de Bonito y Mugroso, porque realmente no mucho podía pasar para dos conejos que Vivian en un conejal de un ranchito perdido en medio de la nada. Bonito dormía gran parte del día, casi quince horas diarias, incluso mas de veinte, solo despertaba para mordisquear su comida y se había vuelto tan perezoso que para hacer sus necesidades no se bajaba de la cama, solo asomaba el rabito por el borde de la misma y dejaba caer todo el asunto. Rascarse la panza se había convertido en su actividad favorita, y lo perfeccionándolo al grado tal, de solo tener que hacerlo por unos minutos antes de que se desmayara de placer. También se había vuelto muy bueno para arrojarle a Mugroso las sobras de comida a la cabeza. Las dejaba secar dos semanas para que estuvieran duras (y de paso, no se pudieran comer) y luego se las arrojaba al desdichado de Mugroso. Esto surgió, porque en ocasiones, Mugroso despertaba en la noche gritando por el dolor causado por su enfermedad, cosa que interrumpía el sueño de Bonito, por lo que a punta de verdurasoz duros, Mugroso aprendió a que no debía de gritar ni llorar, por que eso molestaba a Bonito. Mugroso por otro lado, tenia un ritmo de vida muy distinto al de Bonito. Dormía muy poco. El dolor era demasiado como para hacerlo profundamente, su sueño diario apenas si llegaba a las tres o cuatro horas. Seguía comiendo muy mal, por lo que se veía mas flaco y enfermo que de costumbre., además que por los golpes que Bonito le daba, perdió la vista del ojo izquierdo. Había acondicionado una esquina del conejal como cama, aunque esto solo fuesen ramitas secas que el viento traía de vez en cuando, la humedad seguía filtrándose y la mayor parte del tiempo Mugroso estaba mojado y friolento. No conversaban mucho, rara vez Bonito le hablaba a Mugroso, llegando al punto de que Bonito pasara semanas sin siquiera voltear a verlo, aunque Mugroso siempre estaba esperanzado en que Bonito le dirigiera la palabra. El único placer de Mugroso, lo único que mitigaba un poco el dolor, el horrible dolor, era contemplar por un pequeño agujero el campo. Duraba horas y horas observando el cielo azul sobre los verdes campos, los pájaros tan bonitos y libres volando de aquí para allá, los perros que jugueteaban y los caballos que corrían noblemente. El único consuelo de Mugroso, era saberse parte de ese todo que el ranchito era para el. Aunque cuando Bonito llegaba a sorprenderlo viendo por el agujero, un certero zanahoriazo en la nuca lo despertaba de su letargo, a lo cual seguía por lo regular, una o dos lagrimas de Mugroso, y luego una estridente carcajada de Bonito, que usualmente se desmayaba de placer cuando reía tanto.
Un día Juan el ranchero no se presento por la mañana, cosa que intrigo mucho a Mugroso y cosa que a Bonito francamente no le importaba. Al siguiente dia tampoco apareció, y Mugroso comenzaba a preocuparse y mientras Bonito seguía rascándose la panza. Otro dia paso y otro, al quinto dia Mugroso comenzó a notar que no se escuchaban sonidos producidos por los humanos, y al bajar el montón de bombones de Bonito, este también se preocupo. Otros dos días pasaron y a Bonito la situación no le cuadraba en absoluto, cada dia había menos bombones y las botellas de agua comenzaban a escasear. A los diez días de que Juan no apareció, Bonito decidió hablarle a Mugroso.
“esto esta mal Mugroso, muy mal. ¿Ahora quien traerá mis bombones y mi agua? Tenemos que hacer algo antes de que se me acaben”
“algo esta definitivamente mal, los humanos me preocupan, espero que no les haya pasado nada malo…”
“a quien le importan los humanos! Estamos hablando de mi! De mi, de mi, de mi! Tienes que comenzar a hacer un agujero o a romper las rejas para que salgas y me traigas mas botellas de agua y bombones!”
“si, estaba pensando que…”
“nada! Tu no debes de pensar Mugroso! Déjame eso a mi, tu solo debes preocuparte por mi, por mis bombones, por mi felicidad! Asi que comienza a morder esos alambres con tus horribles dientes, cava con tus contrahechas patas, no me importa si tienes que romper la madera con tu inmunda cabeza, pero tienes que hacerme una salida y rápido!” gritaba Bonito fuera de si, y de tanta excitación, resbalo con un bombón, trato de sujetarse con una de sus botellas, pero todo lo que logro fue caer con todo y agua. Bonito se desmayo por el golpe (era un conejo delicado y fácilmente se desmayaba), quedando empapado en suelo. Mugroso muy asustado corrió a ver si estaba bien, con las pocas fuerzas que le quedaban por no haber comido casi nada en las ultimas dos semanas, movió a Bonito a su cama, y espero a ver si reaccionaba. Lo cubrió con una las muchas mantas que la hija de Juan hizo para que no le diera frio e intento darle de beber. Bonito continuaba sin volver en si, y apenas si movía la cabeza mientras decía algo entre dientes. El sueño de Bonito se extendió toda la noche, misma que Mugroso paso al lado de el, velando que todo estuviera bien, tapándolo y revisando su temperatura. Mugroso suspiraba y suspiraba, y la mañana lo encontró a un lado de Bonito. Mugroso le daba de comer bombones que el no toco, por temor a que se acabaran, sabiendo que en ese momento, Bonito los necesitaba mas. De nuevo se hizo de noche y Mugroso continuaba cuidando a Bonito. Una angustia muy fuerte invadió a Mugroso, tan fuerte que se olvido de su propio dolor. Mugroso consideraba que Bonito era por mucho, su único amigo, y sabia que en el fondo lo quería. Por fin el sueño venció a Mugroso, que se quedo dormido al pie de la cama de Bonito.
Al siguiente dia, Juan el ranchero entro al conejal, olía a tequila y tenia la finta de haber llorado. Un hombre de traje estaba detrás de el y traía una jaula en la mano. El ruido despertó a Bonito, que realmente solo había estado durmiendo como regularmente lo hacia. Cuando vio al hombre, supo que esa era una ocasión especial. Se bajo de la cama y se limpio las patas en lo que el creía era una de sus mantas, pero que realmente se trataba de Mugroso que estaba completamente vencido y débil por los días que paso en vela cuidando a Bonito. Cuando Bonito vio que se trataba de Mugroso, de un puntapié lo mando de nuevo al suelo, no quería que lo vieran al lado de aquel horrible conejo. Mugroso despertó por el golpe, pero no tenia fuerzas para hacer nada. Apenas si logro levantar la cabeza para ver como metían a mugroso en la jaula que aquel hombre de traje traía, luego se desvaneció.
A Juan el ranchero, su esposa lo había dejado por otro, por lo que la ausencia en el conejal se debía a que Juan agarro una de esas borracheras de días. Aquel hombre que se llevo a Bonito, era el representante de una importante compañía de crianza de conejos., que escucho rumores de que en ese pueblucho, vivía un conejo casi perfecto, y compro a Bonito para tenerlo de semental en una de las muchas granjas que la compañía tenia en Europa. Bonito paso el resto de sus días comiendo bombones y caviar, rodeado de muchas conejitas que constantemente eran remplazadas por conejas mas jóvenes y bellas para el goce de Bonito. Tuvo mucha descendencia y murió de un orgasmo después de muchos años. Mugroso se quedo en la granja, también vivió muchos años, aunque los hizo en la mas inmensa agonía que un conejo pudiese soportar. Juan el ranchero dejo el ranchito para irse a la ciudad, vendió todos los animales, excepto a Mugroso, del que ni siquiera se acordaba. Mugroso se quedo solo en el conejal, los parásitos de su cuerpo habían comenzado a expandirse y a construir colonias en el maltrecho cuerpo del conejito. Mugroso paso sus últimos años de vida, como una masa informe de carne del tamaño de un cerdo. Los parásitos, aunque lo lastimasen mucho, no llegaban a matarlo, por que entonces se quedarían sin su fuente de alimentación, por lo que lo mantenían con vida para poder seguir comiéndoselo muy despacio, hasta que un dia, cuando los parásitos se contaban por millones y la piel de Mugroso no resistió mas, literalmente reventó dejando las paredes del conejal repletas de tripas de conejo y parásitos de todos colores, en medio del ultimo grito de agonía de Mugroso.
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