domingo, 20 de julio de 2008

Coincidencias

solo por postear algo...
No recuerdo cuando fue la ultima vez que soñé…
No cuenta como tal?...
No estaba dormido.
Aun así-

Despertó en el mismo cuartucho de hace dos dias. En el que seguiria quiza por otras dos. De cualquier manera no tenia pensado pagarlo. No sabia la hora, la ventana estaba demasiado sucia para que el sol entrara. La boca seca no le importo, de desayuno un cigarro, de postre otro. Un rápido baño y estaba afuera. El sol muriendo, debió haber estado dormido todo el día. Aun así, lentes oscuros, su viejo saco negro y el lobo estepario de Hesse.
Paso sin voltear a ver la torre Eiffel, estaba cansado de ella, estaba perdiendo a Paris, pero que importaba pensaba. Veía próxima la capitulación, aun conservaba su pequeña botellita en el saco, cuando este listo, un solo trago, adiós Paris. Siguió avanzando, caminando sin rumbo, solo terminar por ahí, como todos los días, perdido en algún café, buscando en bares, solo.
Nubes de lluvia se acercaban, el viento arreciaba, debía encontrar un lugar. Dio vuelta en Rue de le triumph, siguió avanzando, una calle nueva, con olmos., no veía olmos desde que dejo Austria. El día terminaba, un largo suspiro, las manos en las bolsas, tan incongruente como siempre.
Bark and chesse…
Nunca había visto ese lugar, no era su tipo de café, pero el viento arreciaba, la estatua del perro en la entrada le parecía de un pésimo gusto, un gusto americano, pero igual entro.
No había mucha gente, una pareja de ancianos por la entrada, un hombre tomando café en la barra, al fondo, a un lado de la puerta del baño, un retrato, boina y blusa a rayas, cabello oscuro hasta la mitad de la espalda. Río para adentro, todo un cliché.
Un espresso, un pastelillo de limón, y su libro. Tomo el café despacio, de vez en vez un poco de pastel, continuaba leyendo, un libro que había leído 30 veces, lo conocía bien, a veces saltaba hojas enteras, a veces solo lo abría y comenzaba a leer, al azar. Aun así trataba de no leer mucho las partes de Armanda.
El tiempo avanzaba, era de noche, el cielo nublado, era hora de irse. Avanzo hacia el baño, ella seguían ahí, el cliché, un libro, en español, a un lado de sus manos. No eran manos estéticas, le parecieron mas bien feas, no pudo ver su rostro. Al salir, no pudo evitar cruzar miradas. Solo un instante, ojos encantadores. El instante murió, siguió avanzando, y luego ella hablo.
-Mexicano?-
Par en seco, no hablaba español desde hacia meses.
-si- contesto sin voltear verla.
De nuevo sus ojos, ojos que decían mucho, ojos que lo invitaban a sentarse.
Y hablo, hablo como no solía hacerlo. Cuando menos se dio cuenta, estaba riendo, jugaba a las palabras con ella. El empezó, dijo una palabra, ella debía contestar con otra palabra, la primera que se le viniera. El había jugado antes, por lo regular, el juego duraba 5 o 10 minutos, pero esa vez, fueron horas, parecía no terminar, se sonrojo, río con ella, pensó. El juego termino cuando el mesonero los saco del café, pero pudieron continuar por horas y horas.
Al salir, ninguno hablo. Siguieron caminando, sin decir nada. La tomo de la mano, ahora le parecía perfecta, manos esculpidas y delicadas. Un golpe a su razón, un golpe a todo lo que podía explicar, se detuvo, la detuvo, ella lo veía, sin decir nada, quería explicarse, quería explicarla, pero se limito a verla.

Dos extraños en la noche, yo los veía desde la otra esquina, comenzó a llover, se besaban, lento, un beso largo, prolongado, que parecía no acabar.
Estaba soñando, en esa esquina, soñaba que era Paris, que era de noche, que llovía. Hubiera querido no despertar.