
Todos hemos visto a Messie Noir por lo menos una vez en nuestras vidas. Pero la mayoría de ustedes no le dan la importancia que tan importante honor merece. Al atardecer algunos pueden escuchar como pasa por su ventana ágilmente. Otros lo ven huir de prisa cuando abren las puertas de sus casas por la noches. Los menos pueden jactarse de haberlo visto por uno o 2 segundos cuando pasaban por algún parque perdido en alguna ciudad de las muchas que frecuenta Messie Noir. Yo?... yo estoy seguro de que el me regalo una mirada cuando apenas era un niño. Recuerdo salir por la noche a caminar con mi padre, y ahí, en la casa del viejo Ganchurra, en el fondo del sucio jardín de la casona aquella, estaba Messie Noir, postrado encima de un cubo de basura. La luna apenas salía, por lo que solo pude ver su silueta tan soberbia como sus ojos amarillos que me observaban directamente. Me quede petrificado ante tal cuadro, y cuando mi padre jalo de mi mano y descuide la vista un solo segundo, Messie Noir se escabullia por un pequeño hueco en la cerca del viejo Ganchurra.
Messie Noir gusta de ir en ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, solo por las noches, solo por diversión. Aunque no pareciera, a el le interesan mucho los asuntos de los hombres. Siempre tiene una opinión que brindar, y es que Messie Noir, sabe mucho de los negocios humanos, mas que nada por que tiene mas experiencia que el mas viejos de los sabios.
Así pues, Messie Noir va de lugar en lugar, de risa en risa y y de tiempo en tiempo. A veces me pregunto si su felina forma no será un inconveniente para sus importantes diligencias. Aunque debe tener sus maneras de comunicarse con los hombres, imagino que en una forma mas a la homo-sapiens tendría mas facilidades para llevar a cabo sus intromisiones en la vida de las personas. Sin embargo, estoy seguro que ser un gato le brinda muchísimas ventajas.
Así que, las visitas directas que hace Messie Noir son muy raras, por lo general solo se deja tocar por algunos que son elegidos cuidosamente por el y creo que solo en dos ocasiones ha entrado a las casas de los hombres, pero siempre le han buscado, el solo elige, no se toma la molestia de andar por ahí calificando a las personas, pero supongo que a veces, por simple aburrimiento o para salir de su inefable rutina, el elige y toca puertas.
Dicen que dios no juega con los dados, y estoy seguro que Noir tampoco. Por eso, para esperar en la puerta de aquella casa, debió haberlo meditado concienzudamente, y sus razones tendría para elegir a Anna.
Anna era una niña que apenas hablaba. Se pasaba los días encerrada en la biblioteca de su abuelo, comiéndose todos los libros que se le atravesaran. Nunca discrimino, e igual leía un diccionario como un compendio de novelas rusas, un tratado de anatomía y una compilación de narraciones religiosas, novelas cortas y épicas de 800 hojas. Y solo tenia 8 años de edad.
En la escuela, nunca tuvo amigos, no quería perder su tiempo en eso, todo lo que buscaba lo podía encontrar en un libro. Nunca fue objeto de burlas, inspiraba temor en la mayoría de los niños, por lo menos en los inteligentes. Hasta sus profesores evitaban ver directamente a los ojos negros y muertos de Anna. A ella no le importaba, rara vez notaba lo que pasaba a su alrededor.
En su casa, apenas hablaba con sus padres, limitaba su relación a un conveniente aliméntenme-mientras-me-voy-de-aquí. Sus padres habían tratado de mil maneras, hacer que su hija les pusiera atención, pero como ella les recordó cuando tenia 6 años, “los huevos y las piedras no hacen buenas parejas de baile”.
Así pues la vida de la pequeña Anna transcurría, sin mayores sobresaltos que los que una vida muy acomodada podía brindarle, transcurriendo días enteros sin decir una sola palabra, y cuando las únicas ocasiones en las que mostraba algo de humanidad, era cuando daba un largo suspiro al terminar un libro, y se quedaba inmóvil, sentada mirando a la chimenea, y en aquellas momentos, el rostro de Anna se humanizaba y dejaba ver un pequeño aire de tristeza y quizá un dejo de nostalgia, y es que ella siempre había pensado que no debía confundir el hastío de estar viva con la soledad, pero en aquellos largos suspiros, sin duda se sentía sola.
Y Messie Noir tendría sus motivos, y en aquel helado octubre, cuando Anna cumpliría los 10 años de edad, en una noche sin luna, Noir llamo a la ventana de Anna. Ella se quedo inmóvil, observando al pequeño gato negro que la miraba desde afuera, moviendo elegantemente su cola y maullando de nuevo. Anna se acerco a la ventana y sin abrirla, se quedo observando fijamente al gato. Apenas a unos centímetros de distancia, y con solo el vidrio por separación, , se quedaron ahí hasta que dejaron de verse por lo empañado de la ventana. Cuando Anna limpio el vidrio con la mano, vio como el gato bajaba lentamente por un árbol, Anna abrió la ventana y grito, el gato volteo y se quedo unos segundos, luego se perdió de vista al dar vuelta en una esquina de la casa.
Anna corrió hacia abajo, esperando interceptar al animal, pero para su sorpresa, el pequeño gato estaba sentado afuera de su puerta, y la miraba desde abajo tranquilamente. Anna se detuvo de golpe, nunca pensó que el gatujo la estuviera esperando. Se hizo a un lado para que el gato entrara, pero este se quedo inmóvil. Anna entonces lo levanto y lo llevo a su cuarto.
Sus padres nunca mostraron el mas mínimo indicio de oposición. ¿Por qué lo harían? Anna había cambiado desde que la adopción del “gato” (por que así lo llamo, no creyó que fuera necesario ponerle otro nombre) se hizo oficial. Seguía pasando los días leyendo, pero ahora cerraba la puerta por dentro, y siempre salía de muy buen humor, siempre con al gato detrás de ella.
Hablaba mas con sus padres, vaya, por lo menos hablaba, conversaba con su madre acerca de sus abuelas y de cuando ella era joven, pasaba las cenas hablando con su padre de política. En la escuela, empezó a tener amigos, siempre se mostraba en clase, y en poco tiempo llego a ser muy popular entre sus compañeros.
Aquel gato realmente la estaba ayudando, aunque desapareciera por días, pero siempre volvía con Anna, siempre se encerraba con ella en la biblioteca y siempre pasaba los domingos a su lado, sentados en el jardín sin decir nada. Durante 3 años Anna ya no volvió a sentirse sola, ya no suspiraba después de terminar los libros, ya no duraba días sin hablar.
Y un domingo, Messie Noir no volvió. Así como llego sin avisar, así se perdió sin pedir permiso, y es que seguramente, un gato tan importante como lo era Noir, no podía pasar mucho tiempo en un solo lugar. Pero Anna no sabia eso, y aunque logro disimularlo a la perfección, por dentro estaba destrozada. No sabia si el gato volvería, no sabia si el gato realmente la quiso como ella lo quería, ni siquiera sabia si estaba vivo o muerto, y lloro, lloro por primera vez, lloro como hombre y como niño, maldijo al cielo y al infierno, pues sentía que le habían quitado a su único amigo.
Y el tiempo siguió avanzando, por que ese bastardo nunca se detiene a limpiar las lagrimas de las niñas que pierden a sus gatitos, y Anna seguía leyendo y hablando con su madre, Anna seguía haciendo amigos en la escuela y discutiendo con su padre acerca de las tantas guerras que empezaban o terminaban tan fácilmente en este mundo tan poco felino, y Anna seguía observando por la ventana en busca del gatujo que fue su amigo.
Así pasaron dos años, dos años en los que Anna se convirtió en una señorita (y en una señorita muy bella) y comenzó a tener noviecitos. Realmente no le daba mucha importancia al asunto, lo tomaba casi como un juego, le gustaba hacerlos llorar, y le encantaba que le pidieran perdón por las cosas que ella hacia. Los manipulaba de maravilla, y nunca se detuvo por ellos, lo único que le importaba era su propia diversión.
Y en una de esas ocasiones, en las que con particular saña hizo llorar un muchacho cuyo único error fue fijarse en ella, y mientras veía como se alejaba con cabizbajo y sollozando, contemplándolo altiva, sentada en una banca de algún parque, de pronto, sin mayor aviso, Messie Noir brinco a su regazo.
Se rehúso a acariciarlo tan fácil, no tenia ninguna seguridad de que fuera Noir, estaba muy lejos de su casa, y habían pasado 2 años desde la ultima vez que lo vio. Noir, sentado en su regazo y viéndola con aquellos ojos amarillos y grandes, esperaba que le respondiera, pero Anna, se mantenía las manos alejadas, simplemente no podía creerlo. Y Anna nunca se sintió cómoda con la idea de adoptar otro gato, por que pensaba que ella no era nadie para reemplazar a Messie Noir, por lo que después de permanecer inmóvil por unos minutos, se levanto y aventó al gatujo ese que pensaba que podía llenar el lugar de Noir, dio media vuelta, y sin voltear atrás, se subió a su bicicleta y se marcho a su casa.
Y Anna no pensó mas en eso, pero las lagrimas que le brotaron y que cayeron rápidamente por sus mejillas eran una señal inequívoca de que aun extrañaba a su gato. Por eso, al volver a su casa, y ver al mismo gato que horas antes había visto en el parque, ya no se cuestiono mas, lo levanto con cuidado mientras lloraba de nuevo, y lo abrazo tiernamente mientras cerraba los ojos.
Y de nuevo Anna volvió a sonreír como hombre, pasaba horas y horas con su gato, leyendo en la biblioteca o paseando por el jardín, y siempre, los domingos los pasaban encerrados en su habitación sin decir nada.
Pero como les había dicho antes, Anna no se daba cuenta de que Messie Noir era un gato muy solicitado en muchos lugares, por lo que Noir sabía que eventualmente tendría que marcharse de nuevo. Pero de igual manera trataría de hacerle la vida lo más placentera a su ama, aunque solo fuera por un tiempo mas.
Durante el periodo que Messie Noir paso con Anna, esta gano dos concursos de ensayos, con un abundante premio en metal, termino su educación preuniversitaria con honores y además gano una beca para estudiar la carrera que ella quisiera en el extranjero.
Fue en ese periodo también donde Anna decidió que estudiaría. En un ocasión, en una de las tantas librerías de la ciudad, Anna y Noir deambulaban por los pasillos, cuando el perro del dueño de la librería le ladro a Noir, y este se refugio en lo mas alto de un librero atiborrado de libros. Cuando Anna bajo a Noir, vio un pequeño atado de viejos libros al fondo del librero. Eran libros de Nietzsche, Borges y Schopenhauer. Tuve que Comprar los tres. Después de eso, no tuvo muchos problemas en decidir que haría con el resto de sus días. Estudiaría teología en alguna universidad del extranjero.
Y de nuevo Messie Noir tuvo que huir. El ultimo domingo de septiembre lo paso con Anna, se mostró mas aprensivo que nunca. Anna intuía que se volvería a ir en cualquier momento, y entendió, por el comportamiento del gato, que se marcharía ese día. Caminaron juntos por el jardín, jugaron por la tarde, la luna los sorprendió en la biblioteca y lo ultimo que Anna vio antes de dormirse, fue a Noir sentado con su siempre altivo aire, a la orilla de su cama.
Anna pronto ya no estaba en su país, sino en regiones lejanas estudiando a los hombres y sus dioses, en idiomas que a su madre le parecían graciosos, seguía escribiendo, y seguía siendo perversa con los hombres. Aquel tímido placer que sentía en sus años mozos, ahora se convertía en un asunto cuasiorgásmico, regocijándose en el dolor que ella provocaba. También se dio cuenta que realmente no le importaban si se trataba de hombres o de mujeres, su vicio consistía en que ella tenia que provocarlo. Y era gracioso, y ella lo noto, que cuando Noir estaba cerca, no sentia la necesidad de ello, pero en los periodos de ausencia, le nacía ese inexorable deseo de hacer llorar a las personas.
Así pasaron los años de nuevo, y aquel viejo bastardo que es el tiempo seguía sin mostrar compasión, y Anna seguía estudiando y escribiendo. Cuando menos pensó, seis años habían pasado desde la ultima vez que vio a Messie Noir, estaba por terminar con honores la universidad, estaban por publicar su opera prima, mas que nada por el tema que prometía causar polémica (y a ella le encantaba hacer polémica, así como también sabia que la polémica acarrea dinero). Solo le quedaban algunas semanas en aquella antiquísima ciudad donde estudiaba, y gustaba pasar las tardes caminando por los parques perdidos del centro. Y se paro un instante, un solo minuto quizá, a prender un cigarrillo, y de un árbol le cayo un gato. Esta vez no se mostró tan reacia como la ultima vez. Noir le cayo en los brazos, y ella inmediatamente lo acaricio.
No le importo que estuviera a miles de kilómetros de su casa, no se molesto en pensar como habría llegado ahí el animalejo ese, ni siquiera le importo que habían pasado mas de 14 años desde la primera vez que vio a Noir. Simplemente lo abrazo, y sonrió de nuevo, y se lo llevo a su casa, y ya nada le importo tanto, ni su graduación, ni la inminente publicación de su libro, ni volver a ver a su familia después de casi 6 años de estar lejos ni nada. Tenia a su gatito negro de nuevo.
Messie Noir se sorprendió de ver a Anna convertida en una mujer. Y vaya que era una bella mujer. Quizá Noir no sabia mucho de la estética de los hombres, pero aun así, sabia que Anna poseía una belleza y un porte muy peculiar, Y aparte era inteligentísima! Messie Noir sin duda eligió bien.
Y el tiempo nunca se detiene, por lo menos no para los hombres, y Anna pronto volvio a su patria, y a Anna pronto le publicaron su libro, y Anna se hizo tan millonaria como polémica. Y Anna no podía estar mas feliz.
Y es que su libro, al que llamo “ateopia” retrataba una utopia en la que el hombre comprobaba científica e irrefutablemente que dios no existía, ya no habían misterios para el ser humano, y pronto las religiones cayeron, y con ellas las guerras y los crímenes, y el hombre encontró la perfección fuera de la divinidad.
Y el libro fue un éxito, las ventas se contaban por millones, al igual qua las amenazas a su vida. Prácticamente, fracciones de todas las religiones del mundo la habían amenizado de muerte. Pero a ella no le importaba, decía que si la asesinaban, solo le darían la razón, y probarían que las religiones además de traer amor y comprensión (que era algo que ella nunca negó) acarreaban prejuicios y odio por igual.
Y los años pasaron de largo, y Anna tenia 34 años y una hija, y millones en bancos suizos cuando Noir la dejo de nuevo. Y es que hasta a el se le habían olvidado sus asuntos. Estaba tan cómodo con Anna que no se percato de la falta que le hacia a los demás hombres. Pero antes de irse de nuevo tenia que hacer algo por Anna. Y en aquella navidad, cuando Anna y su hija paseaban por las calles de Paris en un lujosos automóvil, Noir salto por la ventana. Anna grito y al conductor de detuvo. Leonor (la hija de Anna para efectos prácticos) salio corriendo detrás del gato, y Anna detrás de su hija. Y cuando estuvieron a una distancia prudente Noir se detuvo… y Anna se volteo para hacerle señas al conductor de que se acercara… y Leonor vio claramente cuando el automóvil exploto con el conductor dentro. Anna contemplaba sin moverse los restos humeantes del vehiculo. Messie Noir ya no estaba.
Anna sabia que Noir regresaría. Siempre lo hacia. Pero el tiempo avanzaba diferente para Noir y para Anna. Y a Anna le parecía una eternidad. Vio a su hija crecer y enamorarse, vio mas guerras que tan fácil comenzaban y terminaban en el mundo tan poco felino de los hombres, vio presidentes subir y caer, vio el chiste en que se convertían los medios y casi al final le pareció haber encontrado la sinrazón de la naturaleza humana.
Y al final, cuando un cancera la aquejaba en todo su cuerpo tan bello en tiempos de Noir, cuando suspiraba de nuevo como lo hacia al terminar libros, cuando recordaba a Hume y sus disertaciones del ateo que sonreía al morir, fue ahí, en sus últimos instantes cuando se dio cuenta de su equivocación.
Y es que cuando vio a su nieta entrar con Messie Noir, el gato al que nunca bautizo por ser ella una anabaptista ortodoxa, el gato que dejo entrar en su casa décadas atrás, se dio cuanta de que quizá, después de todo, dios existía. De no ser así… ¿como podía estar acariciando a Noir mientras daba su ultimo aliento?
Messie Noir gusta de ir en ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, solo por las noches, solo por diversión. Aunque no pareciera, a el le interesan mucho los asuntos de los hombres. Siempre tiene una opinión que brindar, y es que Messie Noir, sabe mucho de los negocios humanos, mas que nada por que tiene mas experiencia que el mas viejos de los sabios.
Así pues, Messie Noir va de lugar en lugar, de risa en risa y y de tiempo en tiempo. A veces me pregunto si su felina forma no será un inconveniente para sus importantes diligencias. Aunque debe tener sus maneras de comunicarse con los hombres, imagino que en una forma mas a la homo-sapiens tendría mas facilidades para llevar a cabo sus intromisiones en la vida de las personas. Sin embargo, estoy seguro que ser un gato le brinda muchísimas ventajas.
Así que, las visitas directas que hace Messie Noir son muy raras, por lo general solo se deja tocar por algunos que son elegidos cuidosamente por el y creo que solo en dos ocasiones ha entrado a las casas de los hombres, pero siempre le han buscado, el solo elige, no se toma la molestia de andar por ahí calificando a las personas, pero supongo que a veces, por simple aburrimiento o para salir de su inefable rutina, el elige y toca puertas.
Dicen que dios no juega con los dados, y estoy seguro que Noir tampoco. Por eso, para esperar en la puerta de aquella casa, debió haberlo meditado concienzudamente, y sus razones tendría para elegir a Anna.
Anna era una niña que apenas hablaba. Se pasaba los días encerrada en la biblioteca de su abuelo, comiéndose todos los libros que se le atravesaran. Nunca discrimino, e igual leía un diccionario como un compendio de novelas rusas, un tratado de anatomía y una compilación de narraciones religiosas, novelas cortas y épicas de 800 hojas. Y solo tenia 8 años de edad.
En la escuela, nunca tuvo amigos, no quería perder su tiempo en eso, todo lo que buscaba lo podía encontrar en un libro. Nunca fue objeto de burlas, inspiraba temor en la mayoría de los niños, por lo menos en los inteligentes. Hasta sus profesores evitaban ver directamente a los ojos negros y muertos de Anna. A ella no le importaba, rara vez notaba lo que pasaba a su alrededor.
En su casa, apenas hablaba con sus padres, limitaba su relación a un conveniente aliméntenme-mientras-me-voy-de-aquí. Sus padres habían tratado de mil maneras, hacer que su hija les pusiera atención, pero como ella les recordó cuando tenia 6 años, “los huevos y las piedras no hacen buenas parejas de baile”.
Así pues la vida de la pequeña Anna transcurría, sin mayores sobresaltos que los que una vida muy acomodada podía brindarle, transcurriendo días enteros sin decir una sola palabra, y cuando las únicas ocasiones en las que mostraba algo de humanidad, era cuando daba un largo suspiro al terminar un libro, y se quedaba inmóvil, sentada mirando a la chimenea, y en aquellas momentos, el rostro de Anna se humanizaba y dejaba ver un pequeño aire de tristeza y quizá un dejo de nostalgia, y es que ella siempre había pensado que no debía confundir el hastío de estar viva con la soledad, pero en aquellos largos suspiros, sin duda se sentía sola.
Y Messie Noir tendría sus motivos, y en aquel helado octubre, cuando Anna cumpliría los 10 años de edad, en una noche sin luna, Noir llamo a la ventana de Anna. Ella se quedo inmóvil, observando al pequeño gato negro que la miraba desde afuera, moviendo elegantemente su cola y maullando de nuevo. Anna se acerco a la ventana y sin abrirla, se quedo observando fijamente al gato. Apenas a unos centímetros de distancia, y con solo el vidrio por separación, , se quedaron ahí hasta que dejaron de verse por lo empañado de la ventana. Cuando Anna limpio el vidrio con la mano, vio como el gato bajaba lentamente por un árbol, Anna abrió la ventana y grito, el gato volteo y se quedo unos segundos, luego se perdió de vista al dar vuelta en una esquina de la casa.
Anna corrió hacia abajo, esperando interceptar al animal, pero para su sorpresa, el pequeño gato estaba sentado afuera de su puerta, y la miraba desde abajo tranquilamente. Anna se detuvo de golpe, nunca pensó que el gatujo la estuviera esperando. Se hizo a un lado para que el gato entrara, pero este se quedo inmóvil. Anna entonces lo levanto y lo llevo a su cuarto.
Sus padres nunca mostraron el mas mínimo indicio de oposición. ¿Por qué lo harían? Anna había cambiado desde que la adopción del “gato” (por que así lo llamo, no creyó que fuera necesario ponerle otro nombre) se hizo oficial. Seguía pasando los días leyendo, pero ahora cerraba la puerta por dentro, y siempre salía de muy buen humor, siempre con al gato detrás de ella.
Hablaba mas con sus padres, vaya, por lo menos hablaba, conversaba con su madre acerca de sus abuelas y de cuando ella era joven, pasaba las cenas hablando con su padre de política. En la escuela, empezó a tener amigos, siempre se mostraba en clase, y en poco tiempo llego a ser muy popular entre sus compañeros.
Aquel gato realmente la estaba ayudando, aunque desapareciera por días, pero siempre volvía con Anna, siempre se encerraba con ella en la biblioteca y siempre pasaba los domingos a su lado, sentados en el jardín sin decir nada. Durante 3 años Anna ya no volvió a sentirse sola, ya no suspiraba después de terminar los libros, ya no duraba días sin hablar.
Y un domingo, Messie Noir no volvió. Así como llego sin avisar, así se perdió sin pedir permiso, y es que seguramente, un gato tan importante como lo era Noir, no podía pasar mucho tiempo en un solo lugar. Pero Anna no sabia eso, y aunque logro disimularlo a la perfección, por dentro estaba destrozada. No sabia si el gato volvería, no sabia si el gato realmente la quiso como ella lo quería, ni siquiera sabia si estaba vivo o muerto, y lloro, lloro por primera vez, lloro como hombre y como niño, maldijo al cielo y al infierno, pues sentía que le habían quitado a su único amigo.
Y el tiempo siguió avanzando, por que ese bastardo nunca se detiene a limpiar las lagrimas de las niñas que pierden a sus gatitos, y Anna seguía leyendo y hablando con su madre, Anna seguía haciendo amigos en la escuela y discutiendo con su padre acerca de las tantas guerras que empezaban o terminaban tan fácilmente en este mundo tan poco felino, y Anna seguía observando por la ventana en busca del gatujo que fue su amigo.
Así pasaron dos años, dos años en los que Anna se convirtió en una señorita (y en una señorita muy bella) y comenzó a tener noviecitos. Realmente no le daba mucha importancia al asunto, lo tomaba casi como un juego, le gustaba hacerlos llorar, y le encantaba que le pidieran perdón por las cosas que ella hacia. Los manipulaba de maravilla, y nunca se detuvo por ellos, lo único que le importaba era su propia diversión.
Y en una de esas ocasiones, en las que con particular saña hizo llorar un muchacho cuyo único error fue fijarse en ella, y mientras veía como se alejaba con cabizbajo y sollozando, contemplándolo altiva, sentada en una banca de algún parque, de pronto, sin mayor aviso, Messie Noir brinco a su regazo.
Se rehúso a acariciarlo tan fácil, no tenia ninguna seguridad de que fuera Noir, estaba muy lejos de su casa, y habían pasado 2 años desde la ultima vez que lo vio. Noir, sentado en su regazo y viéndola con aquellos ojos amarillos y grandes, esperaba que le respondiera, pero Anna, se mantenía las manos alejadas, simplemente no podía creerlo. Y Anna nunca se sintió cómoda con la idea de adoptar otro gato, por que pensaba que ella no era nadie para reemplazar a Messie Noir, por lo que después de permanecer inmóvil por unos minutos, se levanto y aventó al gatujo ese que pensaba que podía llenar el lugar de Noir, dio media vuelta, y sin voltear atrás, se subió a su bicicleta y se marcho a su casa.
Y Anna no pensó mas en eso, pero las lagrimas que le brotaron y que cayeron rápidamente por sus mejillas eran una señal inequívoca de que aun extrañaba a su gato. Por eso, al volver a su casa, y ver al mismo gato que horas antes había visto en el parque, ya no se cuestiono mas, lo levanto con cuidado mientras lloraba de nuevo, y lo abrazo tiernamente mientras cerraba los ojos.
Y de nuevo Anna volvió a sonreír como hombre, pasaba horas y horas con su gato, leyendo en la biblioteca o paseando por el jardín, y siempre, los domingos los pasaban encerrados en su habitación sin decir nada.
Pero como les había dicho antes, Anna no se daba cuenta de que Messie Noir era un gato muy solicitado en muchos lugares, por lo que Noir sabía que eventualmente tendría que marcharse de nuevo. Pero de igual manera trataría de hacerle la vida lo más placentera a su ama, aunque solo fuera por un tiempo mas.
Durante el periodo que Messie Noir paso con Anna, esta gano dos concursos de ensayos, con un abundante premio en metal, termino su educación preuniversitaria con honores y además gano una beca para estudiar la carrera que ella quisiera en el extranjero.
Fue en ese periodo también donde Anna decidió que estudiaría. En un ocasión, en una de las tantas librerías de la ciudad, Anna y Noir deambulaban por los pasillos, cuando el perro del dueño de la librería le ladro a Noir, y este se refugio en lo mas alto de un librero atiborrado de libros. Cuando Anna bajo a Noir, vio un pequeño atado de viejos libros al fondo del librero. Eran libros de Nietzsche, Borges y Schopenhauer. Tuve que Comprar los tres. Después de eso, no tuvo muchos problemas en decidir que haría con el resto de sus días. Estudiaría teología en alguna universidad del extranjero.
Y de nuevo Messie Noir tuvo que huir. El ultimo domingo de septiembre lo paso con Anna, se mostró mas aprensivo que nunca. Anna intuía que se volvería a ir en cualquier momento, y entendió, por el comportamiento del gato, que se marcharía ese día. Caminaron juntos por el jardín, jugaron por la tarde, la luna los sorprendió en la biblioteca y lo ultimo que Anna vio antes de dormirse, fue a Noir sentado con su siempre altivo aire, a la orilla de su cama.
Anna pronto ya no estaba en su país, sino en regiones lejanas estudiando a los hombres y sus dioses, en idiomas que a su madre le parecían graciosos, seguía escribiendo, y seguía siendo perversa con los hombres. Aquel tímido placer que sentía en sus años mozos, ahora se convertía en un asunto cuasiorgásmico, regocijándose en el dolor que ella provocaba. También se dio cuenta que realmente no le importaban si se trataba de hombres o de mujeres, su vicio consistía en que ella tenia que provocarlo. Y era gracioso, y ella lo noto, que cuando Noir estaba cerca, no sentia la necesidad de ello, pero en los periodos de ausencia, le nacía ese inexorable deseo de hacer llorar a las personas.
Así pasaron los años de nuevo, y aquel viejo bastardo que es el tiempo seguía sin mostrar compasión, y Anna seguía estudiando y escribiendo. Cuando menos pensó, seis años habían pasado desde la ultima vez que vio a Messie Noir, estaba por terminar con honores la universidad, estaban por publicar su opera prima, mas que nada por el tema que prometía causar polémica (y a ella le encantaba hacer polémica, así como también sabia que la polémica acarrea dinero). Solo le quedaban algunas semanas en aquella antiquísima ciudad donde estudiaba, y gustaba pasar las tardes caminando por los parques perdidos del centro. Y se paro un instante, un solo minuto quizá, a prender un cigarrillo, y de un árbol le cayo un gato. Esta vez no se mostró tan reacia como la ultima vez. Noir le cayo en los brazos, y ella inmediatamente lo acaricio.
No le importo que estuviera a miles de kilómetros de su casa, no se molesto en pensar como habría llegado ahí el animalejo ese, ni siquiera le importo que habían pasado mas de 14 años desde la primera vez que vio a Noir. Simplemente lo abrazo, y sonrió de nuevo, y se lo llevo a su casa, y ya nada le importo tanto, ni su graduación, ni la inminente publicación de su libro, ni volver a ver a su familia después de casi 6 años de estar lejos ni nada. Tenia a su gatito negro de nuevo.
Messie Noir se sorprendió de ver a Anna convertida en una mujer. Y vaya que era una bella mujer. Quizá Noir no sabia mucho de la estética de los hombres, pero aun así, sabia que Anna poseía una belleza y un porte muy peculiar, Y aparte era inteligentísima! Messie Noir sin duda eligió bien.
Y el tiempo nunca se detiene, por lo menos no para los hombres, y Anna pronto volvio a su patria, y a Anna pronto le publicaron su libro, y Anna se hizo tan millonaria como polémica. Y Anna no podía estar mas feliz.
Y es que su libro, al que llamo “ateopia” retrataba una utopia en la que el hombre comprobaba científica e irrefutablemente que dios no existía, ya no habían misterios para el ser humano, y pronto las religiones cayeron, y con ellas las guerras y los crímenes, y el hombre encontró la perfección fuera de la divinidad.
Y el libro fue un éxito, las ventas se contaban por millones, al igual qua las amenazas a su vida. Prácticamente, fracciones de todas las religiones del mundo la habían amenizado de muerte. Pero a ella no le importaba, decía que si la asesinaban, solo le darían la razón, y probarían que las religiones además de traer amor y comprensión (que era algo que ella nunca negó) acarreaban prejuicios y odio por igual.
Y los años pasaron de largo, y Anna tenia 34 años y una hija, y millones en bancos suizos cuando Noir la dejo de nuevo. Y es que hasta a el se le habían olvidado sus asuntos. Estaba tan cómodo con Anna que no se percato de la falta que le hacia a los demás hombres. Pero antes de irse de nuevo tenia que hacer algo por Anna. Y en aquella navidad, cuando Anna y su hija paseaban por las calles de Paris en un lujosos automóvil, Noir salto por la ventana. Anna grito y al conductor de detuvo. Leonor (la hija de Anna para efectos prácticos) salio corriendo detrás del gato, y Anna detrás de su hija. Y cuando estuvieron a una distancia prudente Noir se detuvo… y Anna se volteo para hacerle señas al conductor de que se acercara… y Leonor vio claramente cuando el automóvil exploto con el conductor dentro. Anna contemplaba sin moverse los restos humeantes del vehiculo. Messie Noir ya no estaba.
Anna sabia que Noir regresaría. Siempre lo hacia. Pero el tiempo avanzaba diferente para Noir y para Anna. Y a Anna le parecía una eternidad. Vio a su hija crecer y enamorarse, vio mas guerras que tan fácil comenzaban y terminaban en el mundo tan poco felino de los hombres, vio presidentes subir y caer, vio el chiste en que se convertían los medios y casi al final le pareció haber encontrado la sinrazón de la naturaleza humana.
Y al final, cuando un cancera la aquejaba en todo su cuerpo tan bello en tiempos de Noir, cuando suspiraba de nuevo como lo hacia al terminar libros, cuando recordaba a Hume y sus disertaciones del ateo que sonreía al morir, fue ahí, en sus últimos instantes cuando se dio cuenta de su equivocación.
Y es que cuando vio a su nieta entrar con Messie Noir, el gato al que nunca bautizo por ser ella una anabaptista ortodoxa, el gato que dejo entrar en su casa décadas atrás, se dio cuanta de que quizá, después de todo, dios existía. De no ser así… ¿como podía estar acariciando a Noir mientras daba su ultimo aliento?